Si quieres conocer a Dios, necesitas tiempo y dedicación para estudiar, meditar, reflexionar y orar. Esto requiere un ambiente tranquilo, sereno, sosegado, lleno de paz, de la paz que Dios le imprimió a la naturaleza y al primer hombre antes de la primera tentación.
Si tienes muchos quehaceres, muchas idas y venidas, llamadas, atender muchos problemas y emprender muchas empresas, todo esto te llevará a la falta de reflexión y a la dispersión. En un ambiente así no florece la sabiduría y nunca serás sabio ni hombre de oración
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